El presidente municipal de Apizaco, Pablo Badillo Sánchez, enloqueció de poder y con ello perdió toda cordura y congruencia, por eso un día trabaja para Morena, otro más dice apoyar al PAN y 72 horas después se arrodilla al PRI.

Fiel a su estilo traidor y convenenciero, el pequeño edil apizaquense es un monumento a la incongruencia y al chaqueterismo político, que lo confirman como un hombrecillo falto de palabra.

Y me explico por qué.

A finales del año pasado y el inicio de esta anualidad, dejó ver sus aprecios, cariños y activismo político a favor del proyecto que encabeza la gobernadora Lorena Cuéllar. Disfrazado de institucionalidad, el pequeño panista se ha puesto una y otra vez como tapete azul de la mandataria y de los suyos.

Pero sobre todo, se había convertido en operador político y principal promotor del ex panista Sergio González Hernández, pues éste, junto con su ex patrón, Adolfo Escobar, por algunos años, mandaron, hicieron y deshicieron, en beneficio personal, de Acción Nacional.

Como su paje, Pablillo anduvo para arriba y para abajo, apoyando al secretario de Gobierno, quien todavía sueña con ser Senador por Morena.

Sin embargo, evidenciado por su pequeño activismo a favor de Morena, usó un evento del que todavía es su partido, el PAN y la presencia de su dirigente nacional, Marko Cortés, para arremeter en contra de su aliado, el tricolor, al asegurar que “tenemos que convertirnos en la opción de Tlaxcala, porque el PRI está muerto y la única opción se llama Acción Nacional”.

Esa expresión ni los panistas se la creyeron, pues parecía más un mensaje encargado desde Palacio de Gobierno estatal, el cual solo llevaba la intención de dividir a ambos partidos.

Sin embargo, el colofón de la desvergüenza del mini alcalde es que la semana pasada se desvivió en organizar un pichurriento evento a favor de Xóchitl Gálvez, aspirante presidencial, para lo cual obligó a sus funcionarios a juntar unas mil personas, a fin de mostrar “lealtad” y respaldo a su partido, con la amenaza de correr a los que se negaran a eso.

Pero en menos de 72 horas, el diminuto personaje volvió a mostrar el cobre. El sábado, usando su investidura de alcalde de Apizaco, llevó a la priista Beatriz Paredes Rangel, hasta la comunidad del Cerrito de Guadalupe –al que por cierto no llenó-, para mostrar su respaldo a la tlaxcalteca en su “loco afán” por gobernar México.

El enloquecimiento de poder del panista es grave, porque con sus desvaríos jura a los cuatro vientos que va por la reelección o en una de esas, por una diputación federal, ya que por su conducta rastrera y servil, cree que en Morena, PRI o PAN le darán lo que pida.

La conducta de Pablito ese es un mal patológico y endémico de las autoridades panistas de Apizaco, ya que la síndica de ese lugar, una tal Marina Aguilar, era activa promotora de Morena –partido de las gracias de su hermano Alejandro Aguilar- y ahora, se dice activista a favor de la postulación presidencial de Xóchitl Gálvez.

¡Que les crea su abuela! Son unas zarrias de la política local, dispuestos a vender hasta su alma con tal de no dejar de vivir del pueblo.

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